EL PANTANO DE BISCARRUÉS: 30 AÑOS DE LUCHA DE LA GALLIGUERA

La presa, según se contempla, tendrá una altura de 41 metros para almacenar 36 hectómetros cúbicos de agua. También se llevará a cabo la construcción de un edificio de administración, caminos de acceso, instalaciones eléctricas, una variante de la carretera a la localidad de Santa Eulalia de Gállego en el tramo afectado por el embalse, obras para la protección de las laderas o el telecontrol del sistema.

Las poblaciones que se verían afectadas, desde Biscarrués a Murillo de Gállego pasando por Ayerbe, Santa Eulalia o Riglos se agrupan en la Coordinadora de Biscarrués-Mallos de Riglos, que llevan movilizándose para evitar su construcción.

Su portavoz dice “es una tomadura de pelo para la ciudadanía malgastar el dinero de todos en proyectos después de treinta años y seguir llamándolos urgentes. Perdemos el tiempo oponiéndonos a esta obra que inunda nuestro desarrollo sostenible en vez de invertirlo en aumentar su crecimiento”.

La finalidad oficial de la presa, de 41 metros de altura y un kilómetro de longitud y presupuestada en 124,6 millones (150 con IVA), es laminar las avenidas del río Gállego y suministrar caudales a los campos de Riegos del Alto Aragón, el mayor regadío de Europa occidental, con 174.000 hectáreas que suponen menos del 60% de las 300.000 para las que fue pensado hace algo más de un siglo.

Sin embargo, ese muro, cuya cota de coronación supera en dos metros el nivel de los edificios más bajos del pueblo de Erés, tendrá también otros efectos. Entre los más perjudiciales se encuentra el de anegar 14 de los 20 kilómetros de río que, desde hace más de dos décadas, permiten ganarse la vida a varios centenares de familias gracias a los deportes de aventura. “Más de 500 personas viven del turismo en esta zona”, explica Dewulf, gerente de UR Pirineos y presidenta de la Asociación de Empresas de Turismo Activo de Aragón.

Casi un tercio de las actividades de turismo activo que el año pasado se desarrollaron en la comunidad, 55.000 de 185.000, se realizaron en ese pequeño valle.

Treinta años de amenaza

El embalse es una amenaza real para la zona, una de las escasas áreas rurales de Aragón que ha atajado la despoblación y ha rejuvenecido su pirámide demográfica (“hay más críos que ancianos”, anota Dewulf), desde que en marzo de 1993 el Ministerio de Obras Públicas adjudicó el diseño de un pantano con capacidad para 192 hectómetros cúbicos, un volumen que supera el que ocuparían 150 estadios como el Santiago Bernabéu.

“Me he pegado media vida luchando contra este proyecto”, explica José Torralba, alcalde de Biscarrués por Chunta Aragonesista (Cha) desde 1991, que recuerda cómo antes de los estudios de 1982 y 1987, en el franquismo y la primera parte de la transición, llegó a hablarse de un pantano de 600 hectómetros, e incluso de uno de 900 que amenazaba con anegar hasta cuatro pueblos: Erés, Santa María, Santa Eulalia y Murillo.

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